El hombre equilibrado trata al exito y al fracaso como traidores. No permite que estos le distraigan y mantiene su atencion enfocada en su personalidad; en guardia permanente, para evitar que sus debilidades ganen espacio en su mente, siquis y personalidad, en tanto hace esfuerzos para mejorar como persona, pues no olvida que en el interior de todo ser hmano coexisten virtudes y debilidades; pero, cuando un hombre notable cae en las sutiles redes del orgullo corre el riesgo de convertirse en victima de su propia inconsciencia.
El orgullo obnubila, oscurece la visiòn, tizna la conciencia y relega el discernimiento a los mas oscuros compartimientos de la personalidad. Es la debilidad que quemò las alas a un gran angel de luz y le precipitò a las insondables cavernas de los mundos sumergidos en el tenebroso averno.
Hay méritos en el educador que evade los lazos siniestros del orgullo y se esfuerza en dar luz a la humildad, al sano discernimiento, la compasiòn, la generosidad, la bondad, la compasiòn, la esperanza y fe en la posibilidad de cambio y transformaciòn que subyace al interior de cada persona.
Muchas personas suelen comportarse como sustancias explosivas a la espera de la chispa que les proporcione un profesor inspirado, y cada educador puede ser el inspirado agente que enciende el entusiasmo de sus estudiantes o, el angel caido que perdio su toque.
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